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Modelo de Reduccion de Daños

La Reducción de Daños es un nuevo modelo o paradigma que trata de las cuestiones asociadas al consumo de drogas lícitas e ilícitas en sus diversos aspectos, inclusive la prevención, tratamiento, represión y elaboración de políticas y estrategias para poder enfrentar los problemas provenientes del uso y del abuso de las drogas. Con relación a las drogas ilícitas se nota hoy en día la existencia y dominio de políticas y estrategias que podríamos clasificar de ineficientes y muy costosas, ya que han originado cada vez más violencia y como consecuencia el encarcelamiento de personas, sin conseguir disminuir ni la oferta ni la demanda y que, por lo contrario, han aumentado y continúan aumentando.

Uno de los primeros catalizadores del surgimiento en el interés de la reducción de daños apareció en los años 80, con la difusión del SIDA asociado al uso compartido de material inyectable de drogas. Sin embargo, a comienzos del siglo XX se han podido identificar tratamientos basados en este modelo. En los años 20, en Inglaterra, un grupo de científicos que hacía parte del Comité Rolleston llegó a la conclusión de que en ciertos casos la prescripción médica de drogas podría ser necesaria para que los dependientes pudiesen llevar una vida productiva. Desde entonces opiáceos inyectables se han prescripto para los dependientes en Merseyside, centro de referencia en política de reducción de daños, ubicado en el área portuaria de Liverpool. En los Estados Unidos ya existen desde los años 60 programas en funcionamiento de prescripción de metadona.

Pero fue solamente en 1984 que surgió el primer programa de intercambio de jeringas administrado por el Junky Union, una reconocida organización holandesa de consumidores de drogas. Desde entonces, se vienen desarrollando diversos proyectos de reducción de daños en varios países del mundo, y muchos ya adoptaron este modelo como política pública de drogas, como en Holanda, Dinamarca, España, Suiza, Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

En el texto de "Planteamiento de la Reducción de Daños para el Control de las Drogas: Progreso Internacional", Nadelmann et al. (1994), se presentan las siguientes interrogantes centralizadas por los planteamientos de reducción de daños:

  1. ¿Cómo podemos reducir el riesgo de los consumidores de drogas en contraer enfermedades infecciosas como el SIDA, hepatitis B o C y tuberculosis, sobredosis, o desarrollar abscesos peligrosos?
  2. ¿Cómo podemos reducir la posibilidad de que los usuarios de drogas se envuelvan en actividades criminosas o indeseables que causen daños a otras personas?
  3. ¿Cómo podemos incrementar las posibilidades de que los usuarios de drogas actúen responsablemente con relación a otras personas, cuiden de sus familias, concluyan su educación o entrenamiento y consigan trabajo?
  4. ¿Cómo podemos aumentar la reinserción social de los usuarios de drogas que optaron por cambiar de vida?
  5. Y ¿Cómo podemos asegurar de una manera general que las políticas de control de drogas no causen más daño a los usuarios y a la sociedad como un todo que el propio uso de drogas?

De acuerdo con un texto del Harm Reduction Coalition – HRC (sin fecha), organización americana con sede en Nueva York, para reducir los daños se requiere intervenciones y políticas elaboradas a servicio de los usuarios de drogas, que reflejen las necesidades individuales y comunitarias específicas. Podemos decir que no existe una definición universal o fórmula para la implementación de este modelo. Una posible definición sería la de un conjunto de estrategias prácticas que tengan por finalidad ir a buscar al usuario o dependiente de drogas donde él o ella se encuentren, con el fin de ayudarlos a reducir o eliminar los daños provenientes del consumo.

Sin embargo, se hace necesario distinguir entre reducción de daños como meta de reducción de daños como estrategia. El término es muy amplio, porque como meta general todas las políticas de drogas sueñan en reducir los daños asociados a su consumo – lo que incluye medidas represivas, como la prohibición de determinadas sustancias psicoactivas y la marginalización del consumidor, entre otras. Los programas de tratamiento orientados solamente para la abstinencia también desean reducir los daños. Aunque la reducción de daños como estrategia específica se refiere solamente a aquellas políticas y programas que aspiran reducir los males provenientes del consumo de drogas sin exigir la abstinencia (Conley et al., sin fecha). O sea que, a pesar de que la abstinencia en general se considere como el medio más eficaz para evitar problemas provenientes del uso de drogas, entre las estrategias de reducción de daños no se incluyen programas de tratamiento destinados exclusivamente para esa meta, ni tampoco para la marginalización del uso de sustancias psicoactivas ilícitas.

Existe una clara distinción entre el uso indebido y el uso controlado de drogas.

Podemos creer equivocadamente que la Reducción de Daños es un sinónimo de legalización. No, este modelo simplemente reconoce y acepta que el uso de drogas siempre existió y siempre existirá. Referencias al uso de drogas se remontan a millones de años atrás. Junior (1983) afirma que la historia de los psicoactivos camina junto con la historia de la humanidad, con la diferencia de que al comienzo su uso era para fines rituales y existía respeto por esas sustancias que eran consumidas con moderación. Con la llegada del capitalismo la situación cambia de figura. El consumo de drogas se vuelve una función de orden socioeconómica vigente, perdiendo sus características culturales. La droga pierde su carácter mágico, su función creativa y se vuelve un producto de consumo y creador de problemas sociales, dramas existenciales y psicopatías. La droga deja de "usarse" y pasa a ser "consumida".

Con el capitalismo aparece el tráfico de drogas. En el siglo XVIII los ingleses fueron quizás los primeros "traficantes" de la historia – exportaron para China el opio producido en la India que entonces se encontraba bajo el jugo colonial. En esa época, los ingleses introdujeron en China, a través de la Compañía de las Indias, enormes cantidades de opio a bajo precio acabando con la pequeña producción agrícola local. Consiguieron aumentar enormemente el consumo hasta que el gobierno chino decidió intervenir, dando inicio a la conocida "guerra del opio".

Junior (op. cit.) refiriéndose a la proliferación del opio bajo el impulso del capitalismo-imperialista del siglo XVIII, cita dos factores para el consiguiente aumento del consumo de este producto, que puede extenderse a otros psicoactivos y hasta nuestra época:

  1. industrialización de la medicina
  2. el surgimiento de una clase que vive bajo pésimas condiciones, cuyos individuos se ven prácticamente obligados a usar algún tipo de droga para poder subsistir.

En este sentido, la reducción de daños reconoce que contextos de pobreza, clase social, racismo, traumas pasados, discriminación sexual y otras desigualdades sociales, afectan a la persona tanto en su vulnerabilidad como en su capacidad de enfrentar efectivamente los daños ocasionados por el consumo de drogas. No se trata de reducir o ignorar la enorme cantidad de daños y peligros, reales y trágicos, provenientes del uso/consumo.

El modelo representa un cambio de una estrategia de prevención de consumo para una estrategia de prevención de abuso. Moviliza esfuerzos para disminuir los riesgos potenciales del consumo de drogas en lugar del consumo en si. Su objetivo es reducir las consecuencias adversas de esta práctica, ya sea desde del punto de vista de la salud como de los aspectos sociales y económicos, sin que eso implique necesariamente en la reducción de su uso.

Lógicamente, cuando se enfoca un individuo que consume drogas de forma indebida, el reducir o minimizar los daños y los riesgos se asociarán frecuentemente a la disminución o eliminación del consumo. Por tanto, la Reducción de Daños es opuesta a la política convencional de drogas – que tiene como finalidad reducir el consumo de drogas ilícitas por medio de la represión y de sanciones penales. Reconoce también que las medidas que se tomaron para impedir el uso de drogas, casi siempre resultaron en un aumento no intencional de los daños asociados a esa práctica o hábito.

Esta inversión de prioridades resultado de la reducción de daños, donde el objetivo primario de la reducción del consumo de drogas se substituye por la prevención de las consecuencias perjudiciales provenientes de ese consumo, fue mencionada en 1993 por un Comité de Especialistas de la OMS:

[...] en la propuesta de reducción de daños, la atención se dirige al análisis detallado de todas las alternativas de prevención y tratamiento en términos de sus efectos, deseables o indeseables sobre los diferentes niveles de daños secundarios al consumo de drogas. Una preocupación habitualmente expresada acerca de las estrategias de reducción de daños es que ellas podrían difundir potencialmente el mensaje de aceptación del uso de drogas. Esas preocupaciones han sido difundidas, por ejemplo, en programas divulgados en los medios de comunicación que encorajan a grupos de consumidores de bebidas alcohólicas a escoger uno de ellos para ser el 'conductor del grupo' – persona de se abstendrá de beber – mensaje que puede traducirse como una aceptación del consumo excesivo por parte de los demás miembros del grupo.

[...] Generalmente, esas preocupaciones podrían atenuarse si esos mensajes fuesen dados específicamente a los segmentos involucrados de antemano con el consumo perjudicial de esas sustancias. Al analizar estas estrategias debemos tener en cuenta que las instancias de salud pública siempre tuvieron una posición en pro de la reducción de los daños directamente causados por las drogas, inclusive cuando esas medidas puedan considerarse como aceptación del consumo (Wodak, 1998).

Un otro aspecto importante con relación al modelo de reducción de daños es la formulación y ejecución de metas factibles, sin se pautar por expectativas idealistas y/o utópicas, como por ejemplo, la de un mundo libre de drogas. Enfatiza también el respeto a los derechos humanos y a la promoción de la ciudadanía de los usuarios, a la búsqueda de una terminología que muestre los vínculos sólidos entre el consumo de drogas lícitas e ilícitas y, reconozca y procure fortalecer la capacidad inherente del usuario para reducir o minimizar los daños provenientes de ese consumo.

En virtud de lo cual, el modelo de reducción de daños se destaca por la forma de tratar a los usuarios y dependientes sin ningún preconcepto. En lugar de la exclusión, de la discriminación y de la estigmatización a que se encuentran sometidos los usuarios en la actualidad, ellos son invitados a participar en la elaboración de los programas y políticas públicas con el fin de servirlos.

La reducción de daños reconoce también que, a pesar de los riesgos que el uso de la droga causa al consumidor, podemos decir que proporciona algunos beneficios que se deben tener en cuenta, - si deseamos llegar a comprender esa práctica. La decisión de consumir drogas se acepta como un hecho. No se expresa ningún juzgamiento moralista, ni para condenar ni para apoyar el uso de psicoactivos, independientemente del grado de consumo o del modo como se administra la droga. Se respeta la dignidad y los derechos de los usuarios.

Dentro de este universo, el uso de drogas es tratado como un fenómeno complejo y de múltiples facetas, que engloba diferentes comportamientos que va desde el uso grave a la total abstinencia. La Reducción de Daños reconoce que algunas formas de uso de droga son más seguras que otras. Se establece que la calidad de vida y el bienestar individual y comunitario son los criterios que deben seguirse para que las intervenciones y políticas inherentes tengan éxito.

¿Dónde podemos encontrar los daños en este universo? Bastos (1995) argumenta que para proceder a una topografía de los daños causados por las diferentes formas de usar la droga y encontrar alternativas para su reducción o minimización, ya sea a nivel individual o colectivo, "se hace necesario deshacer esa metáfora impregnante y vacía de que la droga es un objeto del mal y, por consiguiente, el usuario es una encarnación de ese mal (p. 187). Además, el autor también argumenta con mucha propiedad de que es urgente romper con la idea fija, directa, sin alternativas, de que el consumo de droga causa necesariamente algún tipo de mal.

Bastos (op. cit.) cita una clasificación topográfica de los eventuales daños producidos por esa práctica, elaborada de acuerdo con la concepción de que los efectos producidos por la droga no pueden pensarse aisladamente – que no se puede dejar de considerar las condiciones del usuario y las circunstancias en que hace uso; "circunstancias que en buena medida están plasmadas por las propias políticas de drogas destinadas a controlar su uso" (p. 187). La clasificación de los daños es la siguiente:

  1. Amenaza a la preservación de la vida
  2. Daños orgánicos directos
  3. Daños causados por la dependencia
  4. Diversos daños síquicos
  5. Daños ocasionados por las vías de consumo
  6. Daños provenientes de las condiciones en que se realiza el consumo

Los daños causados pueden también analizarse considerando dos universos básicos: (1) el individuo y (2) la sociedad. A partir de esa división, Buning (sin fecha) clasifica los daños en: sociales, económicos y físicos.

Entre los daños sociales con relación al individuo, podemos citar la deterioración de sus relaciones interpersonales y prisión; entre los económicos, la pérdida de productividad, y entre los físicos, el SIDA, hepatitis virales, tuberculosis y otras enfermedades.

En el universo comunitario, los daños sociales se relacionan a diversos trastornos y desorden familiar, pública y criminal; los económicos, al gasto ocasionado por la pérdida de la productividad, de tratamientos, de prisiones, de procesos, de represión policial; y los físicos, considerados como fuente potencial de diseminación de infecciones que el usuario de drogas inyectables se convierte al contaminarse.

Después de afirmar que la Reducción de Daños se encuentra aún en proceso de desarrollo y que no existe todavía un consenso sobre sus fundamentos, Des Jarlais & Don (1995) hacen las siguientes consideraciones sobre los componentes básicos que podrían funcionar como perspectiva de trabajo:

  1. El uso no terapéutico de psicoactivos es inevitable en cualquier sociedad con acceso a ellos. Las políticas sobre drogas no pueden basarse en creencias utópicas de que su uso será eliminado.
  2. El uso no terapéutico de los psicoactivos inevitablemente ocasionará daños ya sea en el individuo o en la sociedad. Las políticas sobre drogas no pueden basarse en la creencia utópica de que todos los usuarios consumirán la droga de forma más segura.
  3. Las políticas de drogas deben ser pragmáticas y evaluadas por las consecuencias que producen y no por la suposición de que simbólicamente transmiten mensajes ciertos, equivocados y dudosos.
  4. Los usuarios de drogas se encuentran inseridos en una comunidad mayor. Para proteger la salud comunitaria como un todo, es necesario proteger la salud de los usuarios. Para esto se hace imprescindible integrarlos a la comunidad y no tratar de aislarlos.
  5. Existen diversas maneras por las cuales el uso de drogas conlleva a daños individuales y sociales, haciéndose imprescindible una amplia gama de intervenciones para tratar esos daños. Esto incluye la prevención/educación para disminuir el número de personas que empiezan a usar drogas y la capacitación de los usuarios para que puedan iniciar formas más seguras de su uso.

Con relación al futuro, la reducción de daños ha despertado un interés cada vez mayor. Podríamos pensar que esto se debe al hecho de que la sociedad se encuentra muy estresada con la guerra a las drogas para dejar de considerar nuevas visiones y nuevas propuestas, especialmente cuando se están implementando con éxito en diferentes países desarrollados.

FUENTE: Mamacoca

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